Dignidad energética
- Alejandro Juan Marcos Barocio
- Aug 18
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Últimamente está muy de moda el término "migajero(a)", que en otras palabras se traduce como perder la dignidad, arrastrarse por amor, insistir donde no lo quieren o rogar por atención. Pero hoy quiero hablar de otro tipo de dignidad, una menos visible, más sutil, pero igual de importante, la dignidad energética.
¿Y qué es esto?
Empecemos por el principio. La palabra dignidad viene del latín dignitas, que significa "valor" o "merecimiento". Y el merecimiento no es algo que se consigue, es algo que se siente. Es creértela. Es una chamba que cada persona tiene que hacer para reconocerse internamente.
Por otro lado, la energía es todo lo que somos (lo que sentimos, pensamos, a lo que le damos nuestra atención, nuestro tiempo y nuestra presencia.)
Entonces, la dignidad energética es el acto consciente de poner límites personales y no entregar tu energía, atención, cuerpo o tu paz mental a personas, lugares o situaciones que te restan valor y que te hacen sentir no merecedor.
No se trata de hacerse el digno ni de aplicarle la ley del hielo a los demás.
Tener valores sólidos que cuiden tu energía no es para que el otro aprenda, ni para que tu ex vea lo que perdió o se arrepienta. Es un acto silencioso de autorrespeto. Es decirte: "esto que soy no merece desgastarse por alguien que no me elige con la misma calidad de amor, valores y respeto."

Yo lo viví hace poco. Me caché queriendo buscar respuestas fuera de mí, como si comprobar algo (un mensaje, una reacción, una señal) me fuera a dar la paz que yo mismo no me estaba dando.
Y justo ahí, en ese impulso de controlar o confirmar lo que ya intuía sobre una relación, me dije: "no te desgastes, no por moral, sino por dignidad energética. No quiero ser el Alejandro que tiene que estar espiando. No quiero ser el Alejandro que se consume por lo que no puede cambiar. Soy el que trasciende la necesidad de vivir una y otra vez en el dolor."
Porque cada vez que insistes donde ya debiste de haber aprendido, que persigues a quien ya te soltó o que saboteas lo que ya sanaste, no solo pierdes el tiempo, pierdes energía. Y a veces, esa pérdida de energía duele más que cualquier rechazo. Es lo que sin darte cuenta, te convierte realmente en un(a) migajero(a).
Marianne Williamson, dice que el amor propio es recordar quién eres cuando el mundo te lo quiere hacer olvidar.
Está comprobado que la culpa, el miedo, la obsesión y la dependencia bajan nuestra energía. Joe Dispenza lo resume claro: "Donde pones tu atención, pones tu energía."
Entonces, si pones tu atención en quien no te ve, en lo que no fue, en los "hubiera", en la familia que no te respeta, en los amigos que no te suman o en la relación que no te valora, ¿dónde quedas tú?
Tener dignidad energética es dejar de pelear por un lugar en la vida de alguien. Es dejar de buscar validación en quien no puede darte lo que tú mismo te estás negando.
Porque al final, nadie nos "roba" energía. Somos nosotros quienes la entregamos.
Ojo, tener dignidad energética no es cerrar el corazón. Es aprender a no dejarlo abierto donde no hay reciprocidad. Es la forma más elegante de decirte: "Aquí no. Ya no. No otra vez."
Y ese momento en el que eliges tu paz por encima del drama, es el inicio de un amor verdadero contigo.